Disciplina vs. Castigo

¿Recuerdas el sentimiento y las emociones una vez que tu primer hijo llegó? Probablemente sentiste una mezcla de felicidad y miedo. Tal vez no solamente experimentamos felicidad sino también diferentes emociones como el miedo. Miedo de no hacer lo correcto. En esta etapa todo es nuevo y desconocido. Tampoco existe un libro que con exactitud nos muestre la manera ideal de criar a nuestros hijos ya que cada niño es distinto.


Una vez que pasas la etapa de cómo hacer que tu bebé coma de manera correcta o de qué manera organizar sus horarios de sueño, llega la etapa de cómo aprender a disciplinar a los hijos. Probablemente leer diferentes libros sobre el tema puede resultar un tanto agotador. Eventualmente en algún momento los niños romperán las reglas y deberíamos saber cómo actuar de manera asertiva.


Cuántas veces te has encontrado diciendo esta frase, “Voy a castigarte” o tal vez, “Lo que hiciste tiene una consecuencia.”


Nos damos cuenta que en algún punto, la disciplina llega a un momento en qué tal vez se convierte en castigo.


Sin embargo, si nos detenemos a pensar en lo que realmente significa disciplina de pronto algo se torna distinto. En ningún otro contexto se relaciona la disciplina como castigo. Por ejemplo, si queremos incrementar nuestra masa muscular debemos disciplinar a nuestro cuerpo levantando peso. Si queremos participar en un maratón, disciplinamos a nuestro cuerpo corriendo todos los días. Si queremos perder peso, disciplinamos a nuestra mente y a nuestro cuerpo para comer de cierta forma. ¿No es interesante que en todos estos escenarios la disciplina es positiva? Definitivamente no son procesos sencillos pero en todos los casos anteriores, la disciplina se trata de un proceso que trae consigo algo bueno. Se trata de establecer nuevos hábitos y nuevas estructuras de pensamiento.


Sin embargo, pareciera que cuando pensamos en disciplina para los niños lo relacionamos con algo negativo. Como una respuesta a un comportamiento negativo. En los libros leemos algunos ejemplos que relacionan una consecuencia dependiendo del mal comportamiento o conducta. Pero tal vez la disciplina no solamente se trate acerca de un castigo.


Tal vez la disciplina nos habla más acerca de un entrenamiento. Tal vez la disciplina debería ser más sobre un tema preventivo y no de consecuencias.

Tal vez deberíamos de ver a la disciplina cómo un entrenador que prepara a su equipo en la temporada de entrenamiento.


Tal vez esta es la forma en la que deberíamos relacionar la palabra disciplina al educar a nuestros hijos. Relacionarla más bien como un tiempo de entrenamiento. Necesitamos entrenar a nuestros hijos para cuando comience la temporada.


¿De qué manera comenzamos a hacerlo?


Creo que primero debemos de considerar el tipo de persona en la que queremos que se conviertan nuestros hijos. Piensa en quiénes son ustedes cómo familia y cuáles son sus valores. Después crea un “programa de entrenamiento.”


Una vez que esto sea claro para ti entonces comienza el entrenamiento, ofrece oportunidades a tus hijos en las cuales puedan poner en práctica estas cosas. Por ejemplo, si tú quieres que tus hijos sean amables, valientes, prudentes, qué “programa de entrenamiento” estás llevando a cabo para que ellos puedan construir estás fortalezas.


Reforzamos estos valores cuando los llevamos de camino a la escuela.

Cuando tienen miedo de hacer algo, les recordamos que a veces tenemos que enfrentarnos a situaciones qué tal vez nos asusten.

Si no están seguros de tomar una decisión les recordamos inclinarse por elegir aquello que es más prudente hacer. Esto es instruir, no castigar.


Con esto no queremos decir que no llegará el momento de establecer una consecuencia por algún comportamiento incorrecto. Siempre habrá momentos en los que los niños también deberán enfrentarse a una consecuencia cuando desobedecen o no siguen una instrucción. Habrá momentos en los que se requiera una corrección o consecuencia. Sin embargo siempre habrá más momentos y oportunidades para entrenar a nuestros hijos instruyéndolos en relación a la dirección que queremos que tomen.


Tal vez, cambiar la connotación negativa de la palabra disciplina y relacionarla con un tiempo de guiar, instruir y entrenar, nos permita entender el rol de padres de manera distinta.


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